jueves, 4 de junio de 2015

Ni en mi misma.

Entonces, unas pocas palabras titilantes en la pantalla de la computadora te hielan la sangre. Un par de frases te desnudan hasta la vergüenza en su estado más puro, te sentís ultrajada, violada, manoseada y esas palabras no son obsenas, tampoco amenazantes, son nada más ni nada menos que tu secreto mejor guardado. Del que nadie sabía, el que a nadie le confiaste, salvo a esas personas que por fuerza mayor tuvieron que saberlo y bajo un convenio de silencio total.

En un segundo perdés la poca fe que te quedaba hacia la gente. La poca confianza que tenías con tus allegados más cercanos, o peor aún, perdés toda la confianza que sos capaz de dar por el resto de tu vida.

Eso mismo siento ahora, después de leer esas palabras, tan pocas, tan indirectas y tan significativas, siento que nunca me tendría que haber permitido confiar, en nadie, nunca.

Nunca.

jueves, 5 de febrero de 2015

Hoja en blanco.

La enferma entró a su habitación cerca de las 20 hs para darle la cena, por supuesto que era una pequeña ración de comida de aspecto desagradable, sabor insípido y dudoso valor nutricional. Más bien parecía un intento desafortunado de alimento enriquecedor, acotado al decreciente presupuesto del hospital público en el que se encontraba.
La señora, ya entrada en años, llevaba un ambo rosa, decolorado por los años de lavado. Le habló en voz baja y poco amable en un principio y ante su reticencia a abrir los ojos elevó su tono unos pocos desibeles. Siempre había sido bueno para aparentar y al parecer la enfermera no supo distinguir una somnolencia real de la ficticia que él practicaba.
- Coma la cena, los enfermos tienen que comer.
- ¿Quién dice que estoy enfermo?
- ¿Porqué estaría usted en un hospital si no lo estuviera? A veces los pacientes son más tontos de lo que parecen.
Levantó un poco la cama eléctrica con el control que estaba colgado en la pared y le acercó la mesita con ruedas al pecho.
- Coma, el doctor no le dará el alta hasta dentro de una semana, cuando haya terminado todos los estudios para saber exactamente qué droga estaba consumiendo cuando se pasó de dosis. Debería plantearse entrar en alguna granja de rehabilitación si no quiere terminar muerto entre bolsas de basura en vez de inconciente.
La falta de respuesta generó una expresión de indignación en la enfermera, quien sólo acotó unas pocas palabras a esa charla sin sentido: -  Mire, no se quién es usted, ni qué ha hecho con su vida, pero Dios se ha puesto de su lado y le dio una segunda oportunidad, no la desperdicie.
Sus ojos miraban la nada mientras procesaba las palabras que, aunque obviamente no le importaban, estaba obligado a escuchar. Dudó que haya sido ese tal Dios quién le dio una segunda oportunidad, pero la tenía y, claramente, no era para enderezar su vida sino para terminar su trabajo. Si ella seguía viva, todavía tenía una oportunidad de matarla y cobrar su parte. Una oportunidad de verla de nuevo y de recriminarle el mal trago de dejarle encasillado en una cama de hospital -lugar que ella sabía muy bien que él odiaba-. Habían pasado dos días desde que despertó y ya no podía derrochar más tiempo en ese asqueroso lugar.
Fingiendo dormir en la última ronda de control de las enfermeras, había aprovechado las madrugadas para realizar algunos escuetos ejercicios que le devolvieran algo de fortaleza a su cuerpo. Esa noche, la tercera, sería la última. Ya no podía esperar, era 14 de Septiembre, le quedaban cuatro días, solo cuatro días para preparar todo.
Definitivamente esa sería su última noche, no, más bien, sería la primera.
El inicio de su última misión.

miércoles, 14 de enero de 2015

Traición.

Es raro cómo funciona la mente humana, a veces pareciera que nunca superamos esa etapa de la niñez donde tocamos lo prohibido después de dos retos consecutivos sabiendo que va a haber un tercero, ya carente de paciencia.
Hacemos cosas indebidas, que lastiman, que degradan, que se mofan de la confianza y lo comentamos arrepentidos pensando en un consuelo tal como "Todo el mundo comete errores.", pero sabiendo a ciencia cierta que la consecuencia es un llamado de atención, un reto, un enojo irremediable.
Con qué objeto hacemos esa clase de cosas me resulta incierto. Ahondando un poco más podría llegar a suponer que buscamos redención, el perdón a la confianza traicionada, pero, ¿somos capaces de hacer frente a las consecuencias? ¿Qué tan caro nos saldrá esa equivocación? Capaz es más de lo que podemos soportar.
Si ese es el caso, espero que los corazones sean fuertes y la mente amplia para aprender que, el dolor de quienes queremos lastima más que el propio, cuando somos los responsables de él.

viernes, 24 de octubre de 2014

Reflexión de viernes por la noche.

En este último tiempo me di cuenta de que la gente es cada vez más tremendista. Veo los problemas ajenos como situaciones irrelevantes, carentes de tragedia y con soluciones tan simples y tan accesibles que parece mentira que sean considerados realmente "problemas".

Salir de una vorágine atestada de situaciones negativas y que implicaba tomar decisiones difíciles constantemente para entrar en este claro de simpleza, me impone dos alternativas. La primera sería vivir una vida más relajada, aprovechando la falta de quilombos; la segunda, por lo contrario, me impone subirme al trajín de miniedades que son exageradas adrede. Para alguien como yo, que viene metiendo la pata en el charco aunque no llueva durante por lo menos tres años (sin descanso), es cuasi imposible vivir relajadamente durante mucho tiempo, pero al mismo tiempo me parece innecesario y hasta terco querer complicar situaciones mínimas con tal de seguir teniendo problemas que merodeen por la mente.

Pero plantear este tipo de disyuntivas me abre la mente a nuevos pensamientos, a análisis más detallados, a -como siempre- tratar de entender porqué la gente es como es, porqué pensamos como pensamos y porqué hacemos lo que hacemos.

Todos sabemos, aunque no siempre seamos consientes de ello, que la vida y el entendimiento del mundo sólo se puede dar por contraste.
¿Cómo podemos saber qué es malo, si no podemos definir lo que es bueno? y viceversa. ¿Cómo podemos saber qué es lo que nos gusta si no probamos primero algo que nos desagradó? ¿Quién puede decirnos qué es lindo o hermoso si no tenemos noción de lo que nos resulta feo?

Tiendo eso en cuenta, sólo cabe una conclusión: La gente espera algo mejor, llenan su pequeño y finito mundo de problemas gigantesco en volumen pero no en contenido para poder disfrutar más de las ínfimas soluciones que vienen detrás. Para algunos puede parecer que solo son personas negativas que les gusta deprimirse, que prefieren vivir stresados y de mal humor que verle el lado bueno a las cosas, pero no. Ellos, como todos nosotros (hablo por mi y por mis otras tres personalidades) están esperando ver la solución y reconocerla sobre la marcha, esperan que esa lucecita opaca ilumine toda la oscuridad que, solos, fueron metiendo en sus cabezas.

Quieren que la esperanza les pegue una patada en la cien antes de que todo se termine de poner negro.

Y en la última frase, tenemos también el verdadero y más grande de todos los inconvenientes que podemos llegar a sufrir en nuestras vidas. ¿Cuál es? Simple, no ver la lucecita opaca, no percatarse de que la patada en la cien es la esperanza despabilandote antes de que mueras. A fin de cuentas, haber pasado toda tu vida llenandote la cabeza de pequeños problemitas que se agigantaron como bolas de nieve cuesta abajo (propio de los dibujitos que veía de chica), esperando la luz, esperando el final feliz, esperando y esperando hasta que, puff! te pasaste de estación y te quedaste sólo o sóla en el medio de la oscuridad, lamentando no haber disfrutado más de los soplos de aire que podías disfrutar.

sábado, 23 de agosto de 2014

Pasa el tiempo, nadie lo detiene.

22, el loco. No sé si tuvo locuras este año, pero seguramente tuvo errores, no muchos pero si grandes.
Ya está caducando este año, un ciclo más y al mismo tiempo un ciclo menos. Da lugar a nuevas cosas y carga la espalda de cruces que habrá que soportar hasta terminar los días.
No hay muchas opciones: soportar, seguir, crecer, aprender, arrepentirse, llorar, intentar, fracasar y todo otra vez.

Si así tiene que ser, entonces que así sea. Me consuela la idea de que habrán cosas malas como también las habrán buenas y que cada una ocupará el lugar que le corresponde en el recuerdo o en cicatrices del espíritu.

viernes, 14 de marzo de 2014

Una señal.

-Dr. Rafert, se lo solicita en sala de operaciones. Dr. Rafert, se lo solicita en sala de operaciones.

Un haz de luz se escabulló por la mínima separación que había entre los trozos de tela que suponen ser cortinas. Tal vez eso lo despertó, tal vez el sueño que lo estaba haciendo sudar tuvo un final abrupto.
Abrió los ojos y unos tubos flourecentes blancos lo hicieron lagrimear. Techo blanco, paredes grisaseas. Un televisor, con desmesuradas antenas que le dan aspecto de cucaracha, descansa colgado y en silencio en el rincón de la habitación.
Manta celeste, cama alta, monitores, cables... Suero.

-La puta madre, ¿Qué hago en un hospital?

La respuesta no se hizo esperar, el Dr. Flith abrió la puerta despreocupado y hubo un asomo de sorpresa en su expresión cuando vio a su paciente despierto.

-Hola, soy el Dr. Flith, ¿Sabe qué día es hoy?
-¿Martes? -Miraba al rededor tratando de sacar algún dato útil de ese lugar tan despojado.-
-No, es domingo. ¿Sabe la fecha del día de hoy?
-No tengo la menor idea. -Las preguntas estúpidas le daban tiempo para autoevaluarse.- Piernas: Responden; Brazos: Responden; Manos: Responden, débiles; Las piernas seguramente estén débiles también, no podría correr muy lejos si trato de escapar ahora.-
-¿Cuál es su nombre?
-¿Mi nombre? ¿Para qué lo quiere? Mi familia no vendrá ni se hará cargo de mis gastos, a decir verdad, no hay nadie que vendría por mi en esta situación.

-Bueno, se equivoca Sr. X, precisamente ayer llegó una flor para usted... Es verdad que ni siquiera fue un ramo pequeño, sino una única flor, pero por lo menos tenía una nota.
-¿Una nota? ¿Dónde está?
-Al lado del agua.

Si no me equivoco deben haber pasado unos tres meses, necesito tu ayuda. 18 de Septiembre. Hotel Sheraton Puerto Madero, cena de gala.

-¡Mierda!-

-¿Qué fecha es hoy, Doctor?
-Domingo 12 de Septiembre.
-Gracias. Estoy muy cansado, necesito dormir.
-De acuerdo, Sr. X. Lo último, antes de retirarme, ¿Podría decirme su nombre si es tan amable? Una sonrisa de cortesía se desplegó en el joven rostro del médico.
-No soy amable, pero mi nombre es Jack.
-¿Cómo Jack Nicholson?.
-No, como Jack El Destripador.
Apague la luz al salir, por favor.

jueves, 20 de febrero de 2014

Yo lo ví.

Acariciaba su antebrazo con el filo perpendicular de la hoja de un cutter. Era suave en sus movimientos pero la piel enrrojecida se lastimaba más segundo a segundo. vaivenes lentos, seductores, casi eróticos.. Resultaban hipnóticos. A decir verdad, él estaba hipnotizado con el ir y venir de la brillante y afilada hoja.Pensaba en ese trance sustancial, eese momento de suspenso donde un violento arranque y un mínimo aumento de la presión de su mano podía desatar ríos carmín que le llevarían a la agonía y, finalmente, a una silenciosa muerte.

La única que podía alejarlo de las sombras que lo acechaban.

Pese a las ideas encontradas que se aclaraban en su mente, el filo de la hoja seguía danzando sobre su piel, mostrando ya un rojo vivo y generando en él un dolor sumamente placentero, casi tan placentero como la idea de que la dama blanca, sin rostro ni alma, podría sacarlo definitivamente de todas esas realidades que lo confundían y lo empujaban a la desesperación.

Por primera vez en un año, diez meses y veintidos días sintió que ese momento, ese dolor, esas manchas rojas en la piel e incluso el contar con el control para materalizar todas sus ideas, era real.

Lo único real entre todas sus realidades.