domingo, 24 de octubre de 2010

24/10/2010 - 3:38 a.m.

La noche se desquicia cuando nos ve reír, tapa la luna con nubes para que nos resignemos a llorar.
Lo lamento por ella, pero se pone mucho más linda cuando entre el gris humo que nubla a lo lejos se pude ver el negro intenso del cielo, iluminado con unas pocas estrellas que se pierden en la inmensidad.

Posibilidades nunca existieron, sólo fue casualidad. O destino diría yo. O que no importa, prefiero pensar.

Un abrazo, un beso y la salida se extendió, en aquella esquina acolchonada en verde. Las risas y el cariño nos forzaron a seguir haciendo eso que tanto nos gusta: Vivir.
3:38 a.m. Y la noche es más hermosa que nunca.

martes, 19 de octubre de 2010

Muy lento latía, pero con fuerza golpeaba.

Escasa de ideas, se tildan las palabras. Son notas derrochadas en pensamientos inconclusos, todo en su vida se vuelve inconcluso.
Jamás pudo concretar un ideal, por eso su vida se basa en fragmentos, cuidadosamente seleccionados, de vidrios rotos y filosos que la puedan lastimar.
Se corta el dedo índice y mientras la gota roja de sangre crece y refleja la luz del sol veraniego en su pupila, la lágrima del corazón muere lenta e imperceptible bajo sus largas pestañas.

Con cada gota que rebota en la tierra se transforma un poco más su mirada y al mirar al cielo increíblemente despejado, siente la vida llenando sus pulmones con muerte.
Un segundo, dónde nada importa más que el sol calentando la sangre bajo la piel de la cara. Inspira el aire puro y sólo escucha el grito desesperado y violento de los pájaros, que la gente ingenuamente cree que es un canto.

No hay cables, no hay edificios, ni un camino ya marcado. No hay olor a humo de escape, ni a basura de restaurante. No gritan ya los motores, ni las bocinas.

Mueve rápido los dedos de los pies haciéndose cosquillas con el pasto húmedo y en el momento de acostarse a disfrutar, ¡Paf!

El peor de los sonido, el que reemplazo a los gallos del alba. Arriba, un día más para viajar en el gusano de metal hacia la Capital, dónde no se puede escuchar cómo late el propio corazón.

Igual a veces es peor escucharlo, más cuando poco a poco, con mucha lentitud, empieza a desistir y golpea con fuerza el pecho, sin esperanza de vivir.
Que feo sueño ese y despertar dudando si estabas por morir.

Tranquila, diecinueve años, la mirada fogosa, la decisión inmediata. Te falta para caer.

sábado, 16 de octubre de 2010

Hoy.

El sol entre las ramas la ciega sin piedad, en esa plaza no hay más que palomas.
Una ofrenda al Gauchito Gil en el medio de la ciudad, ¿Quién lo iba a pensar?.
Las señoras la miran mal, ya pasó una, la segunda y en la cuarta dejó de contar.
Se para tambaleante después de un trago habitual y la ciudad un pucho le quiere regalar.
"¡Já! Está entero, limpio y es un Marlboro, que casualidad"
Camina ligera por toda la ciudad, los pies la llevan a dónde debe estar, su mente vuelva a dónde quiere estar.
Un poco de acá y un poco de allá, que ganas de lo otro, para alargarlo una horita más.
Los minutos se le escurren y se caen las canciones que una tras otra no paran de sonar.
Cinco acordes más y todo vuelve a la normalidad.

Ojalá todos los días tuvieran esa misma paz.