En este último tiempo me di cuenta de que la gente es cada vez más tremendista. Veo los problemas ajenos como situaciones irrelevantes, carentes de tragedia y con soluciones tan simples y tan accesibles que parece mentira que sean considerados realmente "problemas".
Salir de una vorágine atestada de situaciones negativas y que implicaba tomar decisiones difíciles constantemente para entrar en este claro de simpleza, me impone dos alternativas. La primera sería vivir una vida más relajada, aprovechando la falta de quilombos; la segunda, por lo contrario, me impone subirme al trajín de miniedades que son exageradas adrede. Para alguien como yo, que viene metiendo la pata en el charco aunque no llueva durante por lo menos tres años (sin descanso), es cuasi imposible vivir relajadamente durante mucho tiempo, pero al mismo tiempo me parece innecesario y hasta terco querer complicar situaciones mínimas con tal de seguir teniendo problemas que merodeen por la mente.
Pero plantear este tipo de disyuntivas me abre la mente a nuevos pensamientos, a análisis más detallados, a -como siempre- tratar de entender porqué la gente es como es, porqué pensamos como pensamos y porqué hacemos lo que hacemos.
Todos sabemos, aunque no siempre seamos consientes de ello, que la vida y el entendimiento del mundo sólo se puede dar por contraste.
¿Cómo podemos saber qué es malo, si no podemos definir lo que es bueno? y viceversa. ¿Cómo podemos saber qué es lo que nos gusta si no probamos primero algo que nos desagradó? ¿Quién puede decirnos qué es lindo o hermoso si no tenemos noción de lo que nos resulta feo?
Tiendo eso en cuenta, sólo cabe una conclusión: La gente espera algo mejor, llenan su pequeño y finito mundo de problemas gigantesco en volumen pero no en contenido para poder disfrutar más de las ínfimas soluciones que vienen detrás. Para algunos puede parecer que solo son personas negativas que les gusta deprimirse, que prefieren vivir stresados y de mal humor que verle el lado bueno a las cosas, pero no. Ellos, como todos nosotros (hablo por mi y por mis otras tres personalidades) están esperando ver la solución y reconocerla sobre la marcha, esperan que esa lucecita opaca ilumine toda la oscuridad que, solos, fueron metiendo en sus cabezas.
Quieren que la esperanza les pegue una patada en la cien antes de que todo se termine de poner negro.
Y en la última frase, tenemos también el verdadero y más grande de todos los inconvenientes que podemos llegar a sufrir en nuestras vidas. ¿Cuál es? Simple, no ver la lucecita opaca, no percatarse de que la patada en la cien es la esperanza despabilandote antes de que mueras. A fin de cuentas, haber pasado toda tu vida llenandote la cabeza de pequeños problemitas que se agigantaron como bolas de nieve cuesta abajo (propio de los dibujitos que veía de chica), esperando la luz, esperando el final feliz, esperando y esperando hasta que, puff! te pasaste de estación y te quedaste sólo o sóla en el medio de la oscuridad, lamentando no haber disfrutado más de los soplos de aire que podías disfrutar.
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