viernes, 20 de mayo de 2011

Viernes de mañana, me levanto sin abrir los ojos.

Últimamente ya nada tiene un porqué o un para qué.
Sigo escribiendo en mi pobre blog, siguen cayendo palabras y frases en mi cabeza desordenada y lo peor, es que al parecer, se está ordenando.
¿Para qué escribir, entonces? Nadie va a leer, el que quiero que lea no va a leer. ¿Quiero que alguien lo lea? Si quisiera eso publicaría un libro, o escribiría en un cuaderno que pueda pasar de mano en mano, como se pasea mi vida.

¿Porqué besar a ese chico? ¿O a cualquier chico? Si ninguno de ellos tiene la boca que quiero besar. El chico que quiero para mi está muy lejos de acá y no lo puedo reclamar.

¿Para qué querés que te diga que te quiero, que te abrace y que te de amor? Entendé de una vez que no es lo que siento, es lo que creo que te debo demostrar. ¿Demostrar? ¿Demostrar qué? ¿Demostrarle a una persona que es especial, que significa algo más que la nada, que nunca la vas a abandonar? Pobre imbécil el que crea mis palabras, fucking intelectual el que le crea a mi mirada.

Debería estar trabajando, me arden los ojos de dormir poco y no tengo ganas de aceptar la rutina.

martes, 10 de mayo de 2011

Amigos del hombre.

Perros callejeros, sarnosos, pulgosos, roñosos.
Llevan fuego en los ojos, jadean desesperados por alguna perra alzada que pasó hace ya un rato, se escuchan peleas de trasfondo y con el lomo erizado se acercan acechantes, tan negros y salvajes.
Es natural tenerle miedo a esos colmillos, a esa mirada cargada de ira y el deseo masculino que se hace despreciable en ciertas ocasiones.

Noche fría y tenebrosa, nubes densas tienen de rehén a la Luna, pero se acercan los primeros rayos del sol y con ellos, una mínima paz que va más allá de la caótica ciudad y su despreciable y hermosa soledad nocturna.