Esas voces asperas,
gastadas con tabaco quemado,
que inundaron la ciudad
contando anécdotas sin igual.
entre canalladas y maldades,
jugando siempre al derrape,
con excesos desmedidos
y sin mediar romances.
Las apuestas no faltaron,
fueron insignia ya de varios,
con ademanes bien marcados
el puerto se apropiaron.
Y sin más marcaron algo,
algo profundo en estos ciudadano,
son nuestros lemas y los dichos,
son nuestros tangueros queridos.