De vez en cuando el mundo se da vuelta, te perdes, no sabes qué hacer o quién sos. Pero eso es al principio nada más, la clave está en calmarse y empezar la reparación. Podés empezar por cualquier lado, lo importante es que gires de a una cosa a la vez (nunca, pero NUNCA, hay que hacer todo junto) hasta que todo vuelva a su lugar.
Otra cosa muy distinta es que tu mundo no cambie en mucho, mucho, tiempo. Ni siquiera en los detalles más chicos, como por ejemplo meter dos cucharadas de café en un taza, dos sobresitos de edulcorante, completar con leche, meterlo 1:20 minutos al microondas en programa 3 y darle un toque de 40 segundos. Eso mismo todos las mañanas de tu vida.
Poco a poco, ese mundo estático e inmutable, se va erosionando, como los bordes cresposos de las montañas más viejas se van suavizando con el viento. La definición desaparece, y un día, abrís los ojos, miras una, dos, tres veces, pero eso que durante tanto tiempo estuvo igual se ve distinto, irreal... Peor aún, se ve y se siente ajeno.
¿Qué se hace frente a algo así? ¿Cómo podes empezar a arreglar algo que está igual que siempre solo que un poco menos definido? Ahí está, amigos míos, el secreto de toda la cuestión. ¿Porqué cambiar algo que está como debe estar? Una mínima diferencia es el fin de la racionalidad cotidiana, PERO un giro de 180 grados nos sacude y nos permite reacomodarnos, y mejor aún, reacomodar todo como se nos plazca.
Eso necesito yo, un zamba. En este exacto momento, en estos tiempos que están pasando, no hay nada en mi cabeza. No hay sueños, ni proyectos, ideas, locuras o intrigas. Los sentimientos se me resbalan, casi que me olvido lo que son. La verdad, me parece que me reconozco más que nunca.. Tal vez trato de pensar que puedo ser distinta, pero al fin y al cabo, siempre soy igual.
Atte. Guga.
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jueves, 28 de junio de 2012
martes, 10 de mayo de 2011
Amigos del hombre.
Perros callejeros, sarnosos, pulgosos, roñosos.
Llevan fuego en los ojos, jadean desesperados por alguna perra alzada que pasó hace ya un rato, se escuchan peleas de trasfondo y con el lomo erizado se acercan acechantes, tan negros y salvajes.
Es natural tenerle miedo a esos colmillos, a esa mirada cargada de ira y el deseo masculino que se hace despreciable en ciertas ocasiones.
Noche fría y tenebrosa, nubes densas tienen de rehén a la Luna, pero se acercan los primeros rayos del sol y con ellos, una mínima paz que va más allá de la caótica ciudad y su despreciable y hermosa soledad nocturna.
Llevan fuego en los ojos, jadean desesperados por alguna perra alzada que pasó hace ya un rato, se escuchan peleas de trasfondo y con el lomo erizado se acercan acechantes, tan negros y salvajes.
Es natural tenerle miedo a esos colmillos, a esa mirada cargada de ira y el deseo masculino que se hace despreciable en ciertas ocasiones.
Noche fría y tenebrosa, nubes densas tienen de rehén a la Luna, pero se acercan los primeros rayos del sol y con ellos, una mínima paz que va más allá de la caótica ciudad y su despreciable y hermosa soledad nocturna.
martes, 19 de octubre de 2010
Muy lento latía, pero con fuerza golpeaba.
Escasa de ideas, se tildan las palabras. Son notas derrochadas en pensamientos inconclusos, todo en su vida se vuelve inconcluso.
Jamás pudo concretar un ideal, por eso su vida se basa en fragmentos, cuidadosamente seleccionados, de vidrios rotos y filosos que la puedan lastimar.
Se corta el dedo índice y mientras la gota roja de sangre crece y refleja la luz del sol veraniego en su pupila, la lágrima del corazón muere lenta e imperceptible bajo sus largas pestañas.
Con cada gota que rebota en la tierra se transforma un poco más su mirada y al mirar al cielo increíblemente despejado, siente la vida llenando sus pulmones con muerte.
Un segundo, dónde nada importa más que el sol calentando la sangre bajo la piel de la cara. Inspira el aire puro y sólo escucha el grito desesperado y violento de los pájaros, que la gente ingenuamente cree que es un canto.
No hay cables, no hay edificios, ni un camino ya marcado. No hay olor a humo de escape, ni a basura de restaurante. No gritan ya los motores, ni las bocinas.
Mueve rápido los dedos de los pies haciéndose cosquillas con el pasto húmedo y en el momento de acostarse a disfrutar, ¡Paf!
El peor de los sonido, el que reemplazo a los gallos del alba. Arriba, un día más para viajar en el gusano de metal hacia la Capital, dónde no se puede escuchar cómo late el propio corazón.
Igual a veces es peor escucharlo, más cuando poco a poco, con mucha lentitud, empieza a desistir y golpea con fuerza el pecho, sin esperanza de vivir.
Que feo sueño ese y despertar dudando si estabas por morir.
Tranquila, diecinueve años, la mirada fogosa, la decisión inmediata. Te falta para caer.
Jamás pudo concretar un ideal, por eso su vida se basa en fragmentos, cuidadosamente seleccionados, de vidrios rotos y filosos que la puedan lastimar.
Se corta el dedo índice y mientras la gota roja de sangre crece y refleja la luz del sol veraniego en su pupila, la lágrima del corazón muere lenta e imperceptible bajo sus largas pestañas.
Con cada gota que rebota en la tierra se transforma un poco más su mirada y al mirar al cielo increíblemente despejado, siente la vida llenando sus pulmones con muerte.
Un segundo, dónde nada importa más que el sol calentando la sangre bajo la piel de la cara. Inspira el aire puro y sólo escucha el grito desesperado y violento de los pájaros, que la gente ingenuamente cree que es un canto.
No hay cables, no hay edificios, ni un camino ya marcado. No hay olor a humo de escape, ni a basura de restaurante. No gritan ya los motores, ni las bocinas.
Mueve rápido los dedos de los pies haciéndose cosquillas con el pasto húmedo y en el momento de acostarse a disfrutar, ¡Paf!
El peor de los sonido, el que reemplazo a los gallos del alba. Arriba, un día más para viajar en el gusano de metal hacia la Capital, dónde no se puede escuchar cómo late el propio corazón.
Igual a veces es peor escucharlo, más cuando poco a poco, con mucha lentitud, empieza a desistir y golpea con fuerza el pecho, sin esperanza de vivir.
Que feo sueño ese y despertar dudando si estabas por morir.
Tranquila, diecinueve años, la mirada fogosa, la decisión inmediata. Te falta para caer.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Un día más, que sentí el corazón deformando los latidos.
La ciudad se ve más linda cuando se viste de gris. Tal vez sea que se ve menos la imperfección de su individualidad. Tal vez sea que el gris del cielo pega justo con el gris del cemento que aparece en escala cromática por cada rincón. El sol veraniego ciega en el reflejo y vuelve detestable esa estación de tren que supo ser lúgubre.
Tranquila. Transcurren las horas, se escurren los días, se escapan.
Despacio. Toma despacio que te va a hacer mal.
Loca, depende quién me mire, yo me veo normal y serena.
No hay plata, pero viajo igual. ¿A dónde? No sé, pero no estoy, después vuelvo.
Siempre vuelvo, repito, error, error y acierto... Ah no, era error otra vez.
No hay mucho más que lo poco que se ve y los que observan se quedan ciegos cuando encuentran la verdad.
Si, no tiene sentido, pero es así. Por eso no tiene sentido hablar conmigo, buscarme, encontrarme. Nada de eso tiene sentido. Pero yo si lo tengo.
Todavía no sé cuál es mi sentido, pero existe, algún día me lo voy a encontrar en una esquina oscura, con una cerveza en la mano y ya sin cigarros.
Tranquila. Transcurren las horas, se escurren los días, se escapan.
Despacio. Toma despacio que te va a hacer mal.
Loca, depende quién me mire, yo me veo normal y serena.
No hay plata, pero viajo igual. ¿A dónde? No sé, pero no estoy, después vuelvo.
Siempre vuelvo, repito, error, error y acierto... Ah no, era error otra vez.
No hay mucho más que lo poco que se ve y los que observan se quedan ciegos cuando encuentran la verdad.
Si, no tiene sentido, pero es así. Por eso no tiene sentido hablar conmigo, buscarme, encontrarme. Nada de eso tiene sentido. Pero yo si lo tengo.
Todavía no sé cuál es mi sentido, pero existe, algún día me lo voy a encontrar en una esquina oscura, con una cerveza en la mano y ya sin cigarros.
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