jueves, 25 de junio de 2015
Acontecimientos.
Buscaba la manera de crear una cura cien por ciento eficaz para la diabetes, había visto que se podían generar proteínas artificialmente utilizando bacterias que contuvieran una pequeña porción de ADN que solo tuviera la información para generar esa proteína. Pero las bacterias y las células humanas funcionan de manera muy distinta en ese sentido y la insulina era más de lo que un simple procariota puede generar.
Una noche de Agosto que pasó desvelada, como tantas otras, buscando maneras viables de lograr que su tesis tuviera algún sentido fue la llave de su éxito, o tal vez la llave de su condena a cadena perpetua. Las terapias génicas llevaban tiempo expandiéndose en la medicina aunque sólo se utilizaban en aspectos inmunológicos y tratamientos con células madre. Pero aquella noche de viento frío y furioso cambió las cosas.
Había leído sobre la colaboración entre bacterias, sabía de sobra acerca de proteínas etiquetadas y receptores de membrana, y entonces se le ocurrió. Por supuesto que una bacteria común no puede generar insulina funcional, pero ¿Si le incluía enzimas artificiales que transportaran las preproteínas? Y etiquetas, podía etiquetarlas para que fueran a los Islotes de Langerhans y terminaran su formación ahí. Requería mucho trabajo, mucha investigación, y sobre todo, cooperación entre bacterias y células. La ingeniería genética era increíble.
Luego de dos años trabajando arduamente para dar con la cura a la diabetes, los últimos experimentos realizados en ratones y posteriormente en perros, le dieron la razón. Lo consiguió, pudo encontrar la forma en que unas cuantas bacteria cambien el comportamiento de una multitud de células humanas.
Corría el verano de 2036, habían organizado una fiesta por el descubrimiento, faltaba mucho para que pudiera ser aplicable en humanos, pero la euforia era incontenible por parte de todos los investigadores con los que había trabajado. Aquella noche era cálida y llena de felicidad, podía saborear el éxito y el reconocimiento por su labor, aunque el segundo nunca fue algo que le interesara realmente. Su único rival era ella misma, ser mejor que ella era ser la mejor.
Se apartó de la multitud que brindaba y reían a carcajadas de chistes que sólo en 3% de la población mundial podía entender. Habían reservado un bar-boliche a la vera del río, tenía dos pistas de baile no muy bien definidas y tres barras que ofrecían tragos comunes y corrientes, aunque también se podían pedir bebidas blancas, optó por una medida.
Se acercó a las aguas oscuras bañadas en luz de luna y tubos fluorescentes sosteniendo perezosamente su vaso de vidrio con aproximadamente 50 ml de ron dorado. Del lado del río había un balconado no muy grande, con piso de madera y barandas de acero pulido con hojas de vidrio decoradas. Había unos sillones negros de cuero sintético que pedían a gritos un relevo tras las inclemencias de vivir a la intemperie y unas pequeñas mesas que eran más para hacerle compañía a los sillones que para ser utilizadas.
Cruzó los brazos sobre la baranda fría de metal y miró a lo lejos las luces casi invisibles de los barcos que iban camino a Uruguay o que salían hacia el puerto de Buenos Aires.
Estaba ya absorta en sus pensamientos sobre la finidad humana y la infinidad de la vida cuando un hombre se acercó a la baranda a unos escasos dos metros de ella.
- Deberías ir adentro con el resto, sos la que más merece el festejo. Dijo con una voz que le resultaba un tanto chistosa.
- Estoy bien acá, necesito un poco de espacio. Nunca fui muy dada para los eventos sociales, ¿Sabes? La verdad es que no me entusiasman los tumultos de gente, ni reírme de cosas que no me causan gracia solo para no parecer mala onda.
- Bueno, pero de verdad sería mejor que vayas adentro cuanto antes. No es bueno que estés sola. -Este comentario le dio escalofríos, o tal vez solo fuera el viento cargado de agua que soplaba entre las pequeñas olas y le inflaba el pelo como una bola lanuda. Como fuera, en un segundo olvidó la electricidad corriendo por la nuca y su orgullo femenino le calentó la sangre.
-Mirá, no sé quién sos, pero en mi familia jamás hubo una mujer que no supiera defenderse sola. ¿O te pensas que- Giro la cabeza para mirar a su oponente a los ojos al espetar las últimas palabras filosas de su defensa, pero para su sorpresa, ya no estaba. Estuvo maldiciendo un rato más hacia sus adentros antes de decidir que no le interesaba nada más de esa fiesta. Aprontó el último trago de ron y se dirigió a la salida sin saludar a nadie ni dar explicaciones.
Una vez en su casa, el alcohol y la relajación tras el éxito le dieron el toque final, cayo tendida en la cama, vestida y pintada como antes de salir, sin siquiera sacarse los zapatos. Si hubiera sabido lo que vendría después seguramente hubiese aprovechado mucho mejor aquella última noche de paz, seguramente no se hubiera vencido ante el sueño y hubiese corrido contra el tiempo para evitar ese frustrante destino que vino después.
13 de Enero de 2036, la última noche de su vida.
jueves, 4 de junio de 2015
Ni en mi misma.
En un segundo perdés la poca fe que te quedaba hacia la gente. La poca confianza que tenías con tus allegados más cercanos, o peor aún, perdés toda la confianza que sos capaz de dar por el resto de tu vida.
Eso mismo siento ahora, después de leer esas palabras, tan pocas, tan indirectas y tan significativas, siento que nunca me tendría que haber permitido confiar, en nadie, nunca.
Nunca.
jueves, 5 de febrero de 2015
Hoja en blanco.
Definitivamente esa sería su última noche, no, más bien, sería la primera.
El inicio de su última misión.
miércoles, 14 de enero de 2015
Traición.
Es raro cómo funciona la mente humana, a veces pareciera que nunca superamos esa etapa de la niñez donde tocamos lo prohibido después de dos retos consecutivos sabiendo que va a haber un tercero, ya carente de paciencia.
Hacemos cosas indebidas, que lastiman, que degradan, que se mofan de la confianza y lo comentamos arrepentidos pensando en un consuelo tal como "Todo el mundo comete errores.", pero sabiendo a ciencia cierta que la consecuencia es un llamado de atención, un reto, un enojo irremediable.
Con qué objeto hacemos esa clase de cosas me resulta incierto. Ahondando un poco más podría llegar a suponer que buscamos redención, el perdón a la confianza traicionada, pero, ¿somos capaces de hacer frente a las consecuencias? ¿Qué tan caro nos saldrá esa equivocación? Capaz es más de lo que podemos soportar.
Si ese es el caso, espero que los corazones sean fuertes y la mente amplia para aprender que, el dolor de quienes queremos lastima más que el propio, cuando somos los responsables de él.
viernes, 24 de octubre de 2014
Reflexión de viernes por la noche.
Salir de una vorágine atestada de situaciones negativas y que implicaba tomar decisiones difíciles constantemente para entrar en este claro de simpleza, me impone dos alternativas. La primera sería vivir una vida más relajada, aprovechando la falta de quilombos; la segunda, por lo contrario, me impone subirme al trajín de miniedades que son exageradas adrede. Para alguien como yo, que viene metiendo la pata en el charco aunque no llueva durante por lo menos tres años (sin descanso), es cuasi imposible vivir relajadamente durante mucho tiempo, pero al mismo tiempo me parece innecesario y hasta terco querer complicar situaciones mínimas con tal de seguir teniendo problemas que merodeen por la mente.
Pero plantear este tipo de disyuntivas me abre la mente a nuevos pensamientos, a análisis más detallados, a -como siempre- tratar de entender porqué la gente es como es, porqué pensamos como pensamos y porqué hacemos lo que hacemos.
Todos sabemos, aunque no siempre seamos consientes de ello, que la vida y el entendimiento del mundo sólo se puede dar por contraste.
¿Cómo podemos saber qué es malo, si no podemos definir lo que es bueno? y viceversa. ¿Cómo podemos saber qué es lo que nos gusta si no probamos primero algo que nos desagradó? ¿Quién puede decirnos qué es lindo o hermoso si no tenemos noción de lo que nos resulta feo?
Tiendo eso en cuenta, sólo cabe una conclusión: La gente espera algo mejor, llenan su pequeño y finito mundo de problemas gigantesco en volumen pero no en contenido para poder disfrutar más de las ínfimas soluciones que vienen detrás. Para algunos puede parecer que solo son personas negativas que les gusta deprimirse, que prefieren vivir stresados y de mal humor que verle el lado bueno a las cosas, pero no. Ellos, como todos nosotros (hablo por mi y por mis otras tres personalidades) están esperando ver la solución y reconocerla sobre la marcha, esperan que esa lucecita opaca ilumine toda la oscuridad que, solos, fueron metiendo en sus cabezas.
Quieren que la esperanza les pegue una patada en la cien antes de que todo se termine de poner negro.
Y en la última frase, tenemos también el verdadero y más grande de todos los inconvenientes que podemos llegar a sufrir en nuestras vidas. ¿Cuál es? Simple, no ver la lucecita opaca, no percatarse de que la patada en la cien es la esperanza despabilandote antes de que mueras. A fin de cuentas, haber pasado toda tu vida llenandote la cabeza de pequeños problemitas que se agigantaron como bolas de nieve cuesta abajo (propio de los dibujitos que veía de chica), esperando la luz, esperando el final feliz, esperando y esperando hasta que, puff! te pasaste de estación y te quedaste sólo o sóla en el medio de la oscuridad, lamentando no haber disfrutado más de los soplos de aire que podías disfrutar.
sábado, 23 de agosto de 2014
Pasa el tiempo, nadie lo detiene.
Ya está caducando este año, un ciclo más y al mismo tiempo un ciclo menos. Da lugar a nuevas cosas y carga la espalda de cruces que habrá que soportar hasta terminar los días.
No hay muchas opciones: soportar, seguir, crecer, aprender, arrepentirse, llorar, intentar, fracasar y todo otra vez.
Si así tiene que ser, entonces que así sea. Me consuela la idea de que habrán cosas malas como también las habrán buenas y que cada una ocupará el lugar que le corresponde en el recuerdo o en cicatrices del espíritu.
viernes, 14 de marzo de 2014
Una señal.
Un haz de luz se escabulló por la mínima separación que había entre los trozos de tela que suponen ser cortinas. Tal vez eso lo despertó, tal vez el sueño que lo estaba haciendo sudar tuvo un final abrupto.
Abrió los ojos y unos tubos flourecentes blancos lo hicieron lagrimear. Techo blanco, paredes grisaseas. Un televisor, con desmesuradas antenas que le dan aspecto de cucaracha, descansa colgado y en silencio en el rincón de la habitación.
Manta celeste, cama alta, monitores, cables... Suero.
-La puta madre, ¿Qué hago en un hospital?
La respuesta no se hizo esperar, el Dr. Flith abrió la puerta despreocupado y hubo un asomo de sorpresa en su expresión cuando vio a su paciente despierto.
-Hola, soy el Dr. Flith, ¿Sabe qué día es hoy?
-¿Martes? -Miraba al rededor tratando de sacar algún dato útil de ese lugar tan despojado.-
-No, es domingo. ¿Sabe la fecha del día de hoy?
-No tengo la menor idea. -Las preguntas estúpidas le daban tiempo para autoevaluarse.- Piernas: Responden; Brazos: Responden; Manos: Responden, débiles; Las piernas seguramente estén débiles también, no podría correr muy lejos si trato de escapar ahora.-
-¿Cuál es su nombre?
-¿Mi nombre? ¿Para qué lo quiere? Mi familia no vendrá ni se hará cargo de mis gastos, a decir verdad, no hay nadie que vendría por mi en esta situación.
-Bueno, se equivoca Sr. X, precisamente ayer llegó una flor para usted... Es verdad que ni siquiera fue un ramo pequeño, sino una única flor, pero por lo menos tenía una nota.
-¿Una nota? ¿Dónde está?
-Al lado del agua.
Si no me equivoco deben haber pasado unos tres meses, necesito tu ayuda. 18 de Septiembre. Hotel Sheraton Puerto Madero, cena de gala.
-¡Mierda!-
-¿Qué fecha es hoy, Doctor?
-Domingo 12 de Septiembre.
-Gracias. Estoy muy cansado, necesito dormir.
-De acuerdo, Sr. X. Lo último, antes de retirarme, ¿Podría decirme su nombre si es tan amable? Una sonrisa de cortesía se desplegó en el joven rostro del médico.
-No soy amable, pero mi nombre es Jack.
-¿Cómo Jack Nicholson?.
-No, como Jack El Destripador.
Apague la luz al salir, por favor.