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martes, 24 de agosto de 2010

26 de Agosto de 1991 // 24 de Agosto de 2010

A sólo dos días, no es un gran cambio, tampoco uno pequeño. Aquel chico me preguntó: "¿Y? ¿Cómo te sentís ahora que acabas de cumplir años?" Exactamente igual que hace media hora, no es emocionante ver que el reloj marca las doce. Simplemente una excusa más para juntarse con la gente que hace bien, para descarrilar con las cosas que hacen mal. Me encanta.
Talk to me. Hace mucho tiempo dejé de ver monedas de un centavo tiradas en la calle, seguramente la gente las considera despreciables por su valor, yo las considero especiales por su singularidad. Tan chiquitas, coloradas, octogonales en vez de redondas, insignificantemente diferenciadas.

Todo cambia, cambia todos los días y siempre sigue igual. Comparas A con B y son diferentes. Mirá de nuevo, son iguales. Entonces miro atrás, no atrás mío, sino atrás en el tiempo, en los recuerdos. He aquí la similitud entre las diferencias, y los puntos de vista de antaño brillan con la misma fuerza que los de hoy en día. "Yo no quiero depender de nadie, jamás voy a depender de alguien, soy completamente independiente, no hay nadie ni nada que sea indispensable para que yo viva." Así fue, así es y así todo continua, mentira, verdad, whatever.

Dos días, prácticamente uno y me sigo asombrando de lo mucho que cambié y de lo igual que permanezco, sin alteración alguna, constantemente igual. Espectacular, espectacular.
Besos de colores dejo por acá. Azules, violetas, rojos, verdes... Los amarillos y los naranjas no los doy. Nunca digo lo que hago y menos hago lo que digo, hay que saber mentir para que los demás no puedan engañarte, eso si, mentir sigue siendo malo, no hay que hacerlo. =)

miércoles, 28 de julio de 2010

¡Soy la comadreja!

Un día hermoso, con mucho viento y poco sol. Hoy fui a caminar pero la caminata ya no reconforta como antes. Me puse los auriculares con la música bien fuerte, pero no la soporte y me los saqué. Prendí un cigarro, hoy tienen un gusto diferente y el papel se pone amarillo antes de quemarse, no entiendo porqué.
Una cuadra y media más adelante miré el cigarro y lo vi distinto, lo tiré, caminé unos pasos más, me di vuelta y lo levanté. Las calle se ve más triste que en otoño, igual el otoño es más feliz para mi.
Todo es lo mismo pero es diferente. La bufanda me molesta y el buzo también, me saco ambos, me pongo la bufanda de nuevo, me la saco, me pongo el buzo, me lo saco y sigo sintiendo que me olvidé algo en algún lugar.
Me siento en una medianera y no siento mi hiperactividad frecuente en los hombros, como es común, siento histeria en el pecho, es otra vez este corazón mocho que late mal.
Siento que algo me está ahorcando, pero no tengo nada en el cuello y me acuerdo de los juegos que tenía de chica y de las cosas imaginarias que se sentían de verdad: "Ahora vas a sentir una soga en la muñeca, si te apreta demasiado cortala con los dedos, como si fuera con una tijera" Lo más raro es que eso funcionaba, pero no sé si me va a servir para el ahorque.
Es todo tan normal que ya deja de serlo, es todo tan conocido que me parece extraño.
Todos los días desayuno un café con leche y una tostada, hasta que un día le siento gusto feo al café y la tostada me lastima las encías. Al día siguiente desayuno mate con galletitas, hasta que las galletitas me asquean y el mate se me hace sin gusto. Al día siguiente desayuno licor de crema con un tomate que está cortado en la heladera.
Y sigue así, siempre igual, siempre cambiando. Mañana no sé que voy a variar para sentir una mínima renovación y los cambios grandes se quedan sin gusto en días.
Un encuentro inesperado sería diferente, conocerte sería diferente, perderte sería diferente, enojarme con vos sería diferente, perdonarte sería diferente, que me expliques sería diferente, que me reconozcas sería diferente. Pero nada de eso pasa, por eso todo es igual pero distinto.

Pero bueno, algo distinto hay hoy, porque no me molestó el sol en la cicatriz (Aunque ahora arde un poco) y creo que es la primera vez que escribo sin pensar en algo en particular. "Todo tiene un sentido, hasta mis puntos suspensivos tienen palabras atrás" Le dije una vez a alguien y él no me entendió. Hoy todas estas palabras no tienen nada atrás, no hay personas, ni situaciones, ni momentos, ni recuerdos. Son palabras y nada más, hoy los puntos suspensivos no tienen sentido... Eso me gusta.