sábado, 16 de octubre de 2010

Hoy.

El sol entre las ramas la ciega sin piedad, en esa plaza no hay más que palomas.
Una ofrenda al Gauchito Gil en el medio de la ciudad, ¿Quién lo iba a pensar?.
Las señoras la miran mal, ya pasó una, la segunda y en la cuarta dejó de contar.
Se para tambaleante después de un trago habitual y la ciudad un pucho le quiere regalar.
"¡Já! Está entero, limpio y es un Marlboro, que casualidad"
Camina ligera por toda la ciudad, los pies la llevan a dónde debe estar, su mente vuelva a dónde quiere estar.
Un poco de acá y un poco de allá, que ganas de lo otro, para alargarlo una horita más.
Los minutos se le escurren y se caen las canciones que una tras otra no paran de sonar.
Cinco acordes más y todo vuelve a la normalidad.

Ojalá todos los días tuvieran esa misma paz.

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