La noche se desquicia cuando nos ve reír, tapa la luna con nubes para que nos resignemos a llorar.
Lo lamento por ella, pero se pone mucho más linda cuando entre el gris humo que nubla a lo lejos se pude ver el negro intenso del cielo, iluminado con unas pocas estrellas que se pierden en la inmensidad.
Posibilidades nunca existieron, sólo fue casualidad. O destino diría yo. O que no importa, prefiero pensar.
Un abrazo, un beso y la salida se extendió, en aquella esquina acolchonada en verde. Las risas y el cariño nos forzaron a seguir haciendo eso que tanto nos gusta: Vivir.
3:38 a.m. Y la noche es más hermosa que nunca.