lunes, 9 de diciembre de 2013

Cabos sueltos.

Entró sin hacer el mínimo ruido, lo único que escuchó fue el "Clack clack" del arma al gatillarse.
- Hm, ¿No te contaron lo que pasó con los tres que vinieron antes que vos, no? Imagino que si te hubiesen dicho no estarías acá.
Sabía que la estaban buscando hace tiempo, pero ya se había acostumbrado a esa sensación de tener la muerte cerca, por lo que podía mantener bastante bien el tono de voz aunque le sudaran un poco las manos.
- No me importa lo que les haya pasado, me mandaron a buscarte y te encontré. Termino con esto y tengo lo que necesito.
Ese sonido, esa tonada, sin dudas era su voz. Un poco más ronca que la última vez que la escuchó pero con el mismo fervor de siempre. No pudo contener una leve risa entre nerviosa y emocionada. Seguía dandole la espalda, casi inmóvil en su lugar.
- No lo puedo creer, cuántos años sin saber nada de vos y vengo a encontrarte en esta situación tan... Incómoda. ¿Sabías acaso que era yo tu objetivo o no te dijeron mi nombre tampoco, Bicho?
Ni siquiera hizo falta que se girara para verlo, podía sentir la expresión de terror en su cara, esa misma que tenés en el instante antes de despertar de una pesadilla y que, ciertamente, mantenés unos minutos después de haber despertado y comprobar que estás en el mundo real.
Nadie lo llamaba así, sólo hubo una chica que lo apodó caprichosamente "Bicho", nada más y nada menos que por ser un bicho de ciudad. Un temblor sordo se apoderó de la mano que sostenía el arma y debilitó un poco la confidencia y el profesionalismo con el que había llegado hasta su laboratorio del octavo piso.
Giró, lento, esperando a que se acostumbre de a poco a ese rostro solemne que no había cambiado prácticamente nada en más de diez años. Él la miró fijo, vio sus ojos verdosos, decididos. La cicatriz en su mejilla fue todo lo que necesitó para terminar de creerle.
Esa cicatriz, que años atrás supo acariciar suavemente al tiempo que le preguntaba con ternura cómo había aparecido.
- ¿En qué carajo te metiste? ¿Porqué te quieren matar? -Le preguntó un poco atropellado-
- Hay gente que quiere hacerle un bien a este mundo, y hay que gente que el bien del mundo le resulta poco redituable. Por eso no me quieren, mi trabajo les molesta, la plata no me importa, los sobornos no me mueven, no les queda otra salida más que eliminarme por completo. Pero no es tan fácil. Ya mandaron tres, uno murió, dos siguen en el hospital y ahí se van a quedar como las plantas que son.
No quiero presumir, pero bajo este cuerpo aparentemente débil hay años de practicas de pelea, callejera y de club, pero el fin es el mismo, mantenerse con vida. Eso es lo que tenemos que definir hoy, Bicho. Uno de los dos va a morir, ahora o después.
Deben haberte buscado durante mucho tiempo, saben que es más difícil para mi causarle daño a una persona que alguna vez amé, pero a esta altura el tiempo se me escapa y es inútil dormir en el recuerdo de lo que nunca fue. Perdón, pero no puedo ponerme sentimental ahora.
- Yo... Me dieron este trabajo y lo voy a terminar. - De todas formas y contrario a sus palabras, su dedo siguió tenso sobre el gatillo pero sin moverse-
- ¿En qué momento te convertiste en un sicario? De todas las cosas horribles que alguna vez imaginé durmiendo en tu cabeza, nunca pensé que tuvieras eso que se necesita para matar a alguien.
- ¿A mi me decís? Vos mataste a un tipo y dejaste inútilmente "muertos" a dos. Vos, que ni siquiera querías matar a los mosquitos cuando te estaban picando.
- Ya te lo dije antes, lo importante es mantenerse con vida. Los años de sufrimiento explícito te van enfriando la sangre. No es culpa mía, es culpa de los que quieren matarme, me empujaron a sacar el monstruo que vivió siempre dentro mío. Algo parecido Dr. Jekyll y Mr. Hyde pero sin brebajes raros.
Bajo la mirada para decir unas últimas palabras, el tono de su voz casi cariñoso cambió a uno más frío y oscuro.
- Perdón, pero mi trabajo es más importante que todo lo demás. Admito que tarde un poco más en decidirme pero aunque aprietes el gatillo y la bala de en el blanco, vas a estar muerto antes de llegar a la escalera de servicio.
Levantó la vista de un golpe y esos mismos ojos que antes lo habían cautivado, lo clavaron como estacas en el piso, haciendole estremecer, sudar frío.
Ira y placer, no pudo evitar pensar que más que pasar días enteros entre microscopios y placas de Petri con muestras biológicas, lo que ella disfrutaba realmente era tener una vida ajena a su disposición, para acabarla cuando quisiera.
Empezó a temblar, aunque no fuera exactamente por el miedo o la adrenalina del momento, era algo más, algo mucho peor. Miró el piso color marfil para asegurarse de que su cuerpo estaba todavía ahí. La miró y esa media sonrisa macabra que lucía en sus labios naturalmente rojos empezó a desfigurarse, se multiplicaba, borrosa, casi parecía un espejismo. Un sueño que en otro momento pudo haberle dado tranquilidad y felicidad en dosis iguales.
Quiso hablar pero no pudo, el brazo le pesaba como si estuviese sosteniendo una bala de caño en vez de un arma.
Se empezó a agitar, el arma cayó al piso y tras ella, su cuerpo aplomado y sin fuerzas. Podía ver sus pies acercándose, cada pisada sobre las baldosas producía un eco difuso.
Se agachó, acercándose tanto a su rostro que podía sentir el aliento tibio cerca de su oído. Justo antes de que termine de perder el conocimiento, de que pierda esa batalla contra la nada misma, le susurró: -Algún día volveremos a estar juntos, los dos merecemos el infierno. Por hoy, yo sigo viva. Tu suerte es otra.-

domingo, 20 de octubre de 2013

Libros maltrechos.

Esa costumbre de mierda de leer primero el final antes de empezar el libro algún día le iba a quitar la emoción al relato.
La idea era ver cuántas páginas tardaba en darme cuenta de cómo seguiría la trama, pero esta vez me jugó en contra.
Leí el peor de los finales y a varios capítulos de ese último párrafo logré dilucidar el desarrollo, pero este libro me consumió y ahora soy yo uno de los personajes plasmado en letras, sin rostro, sin voz, solo palabras.
No puedo parar ahora, tengo que seguir leyendo, no puedo cambiar lo que el escritor tan atentamente diagramó.
Oración tras oración se acerca el final predicho, se acerca el temible desenlace. No puede ser así, tiene que parar, tiene que volver, tiene que entender. ¿No lo ves? Sé que yo ya lo leí, juego con ventaja, pero ¿No lo entendés? Ya te lo expliqué. ¡¿Porqué carajo no lo ves?! Sigo corriendo las páginas, cada vez pasan más rápido, un espiral en bajada a la muerte. Se acelera, se destruye, sigue, sigue, sigue y sigue.

Basta, BASTA. No puede ser así, de esta página no me muevo, no lo quiero terminar.
Planto bandera y me voy a dormir, sabiendo que lo único que habrá son pesadillas.

Me bajo, pero el libro está escrito, sea como sea, el final va a llegar, yo lo sé, lo presiento, lo veo tan claro que no puedo entender cómo vos no lo ves. ¿Cómo haces para ignorarlo?

No hay mucho más para acotar, ni para hacer. El final está escrito y no lo puedo cambiar, pero vos si podés.

Intentá, por favor, intentalo.

miércoles, 2 de octubre de 2013

22:22

"Siendo las 22:22 de este miércoles insípido,
cierro la noche con un brindis por los compañeros caídos.
Sé que los extrañaremos, aunque muy lejos no se hayan ido,
y sus historias viajaran en el tiempo, oído tras oído.
Son sólo vacaciones para los que tan mal han vivido."

Releía y releía las palabras en la hoja, no encontraba nada mágico, nada inusual. No imaginaba la cara o la voz de dónde salían, ¿Hombre, mujer? Quién sabrá, a quién le importa, además..
Los miércoles siempre son insípidos, nunca tienen nada emocionante guardado en esas 24 horas, antes le gustaban los miércoles porque siempre tenían buen clima y ninguna opción de salida. Luego empezó a desanimarse, llegan muy rápido y dan lugar inevitablemente al final de la semana que trae aparejado demostrar el buen rendimiento de su trabajo semanal.
Lunes a viernes de 8:30 a 17:00, bastante bueno era el horario, pero entre viaje y viaje no le quedaba tiempo para hacer cosas interesantes.
Ver subir y bajar gente del tren, con caras de enojo, cansancio y felicidad, ya no la entretenía. Los auriculares los lleva puestos siempre, pero nada sonaba en ellos, así podía escuchar mejor las peleas de pareja que tan mal quedan en medio de un vagón repleto.

"Cierro la noche con un brindis.." Esto la hacía recordar las viejas épocas, dónde no eran tan rebelde ni tan responsable, o tal vez más rebelde que responsable. Cuántos miércoles a la noche habrá cruzado palabra con borrachos desconocidos que le hacían una pseudo-compañía a sus rondas de cerveza solitaria. La botella, el vaso y el cenicero, ella y su mesa, ella y el bar.
El bar cerró, su rebeldía terminó, su responsabilidad creció y ahí empezaron a acabarse las pequeñas cosas lindas de la vida cuando baja el sol. Bueno y malo, siempre es así, por un lado te da, por el otro te quita y he aquí la realidad.

¿Extrañar? Algo que es distinto a lo normal te extraña, alguien que te pierde te extraña, solo se puede extrañar lo que se sabe que nunca se va a recuperar, o ¿Tal vez no? Para ella siempre fue así, y también siempre le gustaron los juegos filosóficos con las palabras. Contexto, antecedente, precedente y muchas cosas más determinan el significado de todo, incluso de un gesto amistoso, pero ya no pensaba en esas cosas, le hacía falta una buena cuota de alcohol para hacerlo. Por supuesto, era miércoles y como debía levantarse temprano el jueves prefería no tomar. ¡Qué chica responsable!

Tratar de ver que pasaba por su cabeza es más aburrido que leer las opiniones de Popper sobre la filosofía y el conocimiento científico, ni siquiera traten de imaginarlo, es realmente aburrido.

A fin de cuentas, su rebeldía se llevo consigo a su emoción por la vida, por las cosas raras y por todo lo demás. Queda ahora una carcasa frágil de aventura que se vacía conforme pasa el tiempo y que trata de revivir esos años para no caer en la última oración que esa hoja llevaba escrita.

"Son solo vacaciones para los que tan mal han vivido."

miércoles, 25 de septiembre de 2013

00:44

El último tabaco se quema entre los dedos. Otra noche en que el sueño me devora, pero no quiero dormir.
Pasa el tiempo, todo sigue, todo cambia, todo está igual y me sigo preguntando. Lo sigo revisando, trato de entender.
¿Es mi fortaleza o es mi debilidad? ¿Es mi arma mortal o es una coraza impenetrable?
No es lo mismo ganar un partido de pool a que tu contrincante pierda. La emoción no es la misma, el proceso es distinto, la ficha igual la paga el otro.
Sueño con bosques y construyo edificios, quiero libertad y me encarcelo a mi misma.
Será admitir que se es así y no de otra manera o será ser así y al no poder cambiarlo, convencernos de que es la única forma que tenemos de ser.

Las personas cambian, pero solo los aspectos superficiales de su personalidad. Lo que somos, somos. Por más que hoy pueda salvar el mundo, mañana lo destruiré.

Debería dejar de fumar, siempre dije que cuando quede embarazada lo voy a hacer. Cada vez que lo pienso sé que estoy más lejos de cumplir con eso.

Querer estar sola, estar sola, vivir sola, moverme sola, son todas mentiras. ¿Mentiras fundadas en qué? Odios, rencores, miedos, anhelos, autoestima baja, creer que soy quién quiero ser, sentir que soy lo que quiero ser y cada tanto darme cuenta de que no es esto lo que pretendía. Mirar para otro lado e ignorar esta realidad no es más ni menos que la confirmación de lo que ahora veo.

¿Quise estar con vos? ¿Por qué te dejé ir? ¿Por qué no te cuidé? ¿Me arrepiento acaso? ¿Cuántas veces más me arrepentí? ¿Cuántas veces más me voy a arrepentir?

Este tabaco puto que se apaga.

Seguramente no sea tan fuerte, tal vez puedo soportar muchas cosas pero no estoy dispuesta a perder y cuando creo que no perdí nunca, miro para atrás y veo que lo único que siempre hice fue perder. Perder lo que realmente quería por no poder pelear, no poder pelear por debilidad.

Tengo que pensar un poco más, pero ya es tarde y no le queda mucha vida a mi tabaco.

Por lo pronto encuentro algo que no puedo cambiar y para no enfrentarme al "no puedo" prefiero decir que "soy esto".

El tabaco murió y seguramente esta reflexión también muera acá, dónde nadie la lea, dónde nadie la entienda, tal vez ni siquiera yo.

martes, 20 de agosto de 2013

Sintitulo3

Quiero morir sintiendo,
Quiero vivir sufriendo,
Quiero ganarle Al miedo
Y crecer por ellos.

Quiero una vida agitada,
Quiero noches colmadas,
De alegría y pena,
Solo eso enseña.

Y si puedo abrir los ojos,
Si llego a ver más allá,
Puedo ganarle al mundo,
Puedo ser inmortal.

lunes, 19 de agosto de 2013

Marea.

Pleamar de ideas.
¿Cuál es tu luna, la que hace subir la marea?
¿De dónde viene el viento que agita las aguas?
Un mar embravecido golpea con fuerza allá abajo.
Con la mirada clavada en las piedras gigantes,
Estas en el borde del peñasco pensando con cuidado:
¿Cuánto golpes más podrá resistir la roca endeble?
Vibra la tierra debajo de los pies descalzos
Al borde de ese abismo, los vientos se cruzan,
Te empujan, adelante, atrás. ¿Cuánto tiempo más?
Suficiente para elegir, un paso atrás, un paso al frente.
Final funesto, final feliz, algo habrá que decidir.

martes, 30 de julio de 2013

Soledad y sociedad.

El ser humano es un animal que vive en sociedad. Sociedades complejas cargadas de reglas y excepciones, generalidades contradictorias pero acertadas, libertades acotadas a deseos ajenos. Por supuesto que son puntos necesarios para poder vivir acompañado de personas que son iguales y distintos a cada uno de nosotros en una y otra manera.
Pero ¿Qué pasa con cada individuo? Somos muchos individuos los que formamos las generalidades, somos muchos individuos que necesitamos vivir en sociedad. Si nos alejamos de este circulo al que nos acoplamos forzadamente perdemos la claridad, surgen los miedos, la desesperación, el miedo a estar solo.
Ahi viene la otra incógnita, la soledad. En la soledad esta el peor de nuestros miedos, o al menos para la mayoría resulta así. Miles de personas lloran en sus casas vacías al contemplar la idea de no tener a otro ser cerca suyo. ¿Porqué pasa? ¿Porqué el miedo a ser realmente individual?
Para muchos, la soledad es el peor enemigo, la última tiranía que este mundo les puede ofrecer. Para mi, por suerte, no lo es.

He escuchado muchas veces la bravura de personas que ante una situación desesperante son capaces de realizar actos que jamás hubiesen imaginado poder realizar. ¿Porqué no son capaces de conocer sus posibilidades, de establecer con marcada decisión sus límites?
Creo, y obviamente esto es una mera reflexión, que esto se debe a que reusan permitirse la compañía de la soledad. Es esta la única instancia en la que podemos conocer a fondo lo que somos, tanto en nuestros buenos pensamientos como en los malos. Reprimimos constantemente ideas que quedarían vetadas en la sociedad normal y acallamos nuestra parte más pura, la más real, la que en realidad es la generadora de nuestros miedos: nuestro verdadero yo.

Pero no es tan fácil, el inconsciente nos recuerda a cada instante y en cada sueño que nuestra verdadera identidad está gestada desde el principio de nuestros días, marcada a fuego en muestra mirada y que, por mas mascaras que pongamos, cuando tenga que salir a la luz lo hará sin medir consecuencias, sin importarle en lo más mínimo lo que piense la sociedad.

Es verdad que es muy difícil de sobrellevarla, refiriendome a la soledad, pero es la única forma de saber realmente quiénes somos, o peor aún, qué podemos ser. Conocer la parte monstruosa de uno mismo nos da permiso a perderle el miedo a la oscuridad que nos habita. No pueden haber sombras si no hay luz, no existe la luz si no es capaz de proyectar una sombra.

Seguramente ese momento desesperante en el que caes en la cuenta de que no hay nadie al rededor, la depresión momentánea que conlleva y la vibración que sube por los pies hasta retumbar en los oídos, puede ser nociva, pero solo se trata de dar el paso en el punto de inflexión. Una vez en ese punto hay solo dos opciones, seguir o abandonar. Si seguimos encontraremos la verdad, la verdad de nuestro propio ser y se revelará ante nosotros el antídoto a todos los miedos. Si abandonamos estaremos condenados a vivir en la desesperación de no querer mirar más allá de las expectativas que los demás tienen sobre mi, sobre vos, sobre todos.