domingo, 20 de octubre de 2013

Libros maltrechos.

Esa costumbre de mierda de leer primero el final antes de empezar el libro algún día le iba a quitar la emoción al relato.
La idea era ver cuántas páginas tardaba en darme cuenta de cómo seguiría la trama, pero esta vez me jugó en contra.
Leí el peor de los finales y a varios capítulos de ese último párrafo logré dilucidar el desarrollo, pero este libro me consumió y ahora soy yo uno de los personajes plasmado en letras, sin rostro, sin voz, solo palabras.
No puedo parar ahora, tengo que seguir leyendo, no puedo cambiar lo que el escritor tan atentamente diagramó.
Oración tras oración se acerca el final predicho, se acerca el temible desenlace. No puede ser así, tiene que parar, tiene que volver, tiene que entender. ¿No lo ves? Sé que yo ya lo leí, juego con ventaja, pero ¿No lo entendés? Ya te lo expliqué. ¡¿Porqué carajo no lo ves?! Sigo corriendo las páginas, cada vez pasan más rápido, un espiral en bajada a la muerte. Se acelera, se destruye, sigue, sigue, sigue y sigue.

Basta, BASTA. No puede ser así, de esta página no me muevo, no lo quiero terminar.
Planto bandera y me voy a dormir, sabiendo que lo único que habrá son pesadillas.

Me bajo, pero el libro está escrito, sea como sea, el final va a llegar, yo lo sé, lo presiento, lo veo tan claro que no puedo entender cómo vos no lo ves. ¿Cómo haces para ignorarlo?

No hay mucho más para acotar, ni para hacer. El final está escrito y no lo puedo cambiar, pero vos si podés.

Intentá, por favor, intentalo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario