Se conmemora el 11 de Septiembre el día del maestro, como un premio, un reconocimiento a sus esfuerzos, a veces en vano, de forjar a las personas que tendrán que sostener con sus espaldas la compleja y aplastante estructura social.
Esta misma estructura social, que se repite en todas las latitudes del planeta, es la que nos hace desconfiar los unos de los otros, mirar de rojo al que camina al lado nuestro en la ciudad, preguntar sobre ese nuevo personaje al cuál se le nota que viene de otros lares que no son los de mi pueblo. Nos degeneramos cuando nos empiezan a inculcar las "verdades de la vida", tenes que saber que hay estafadores en todas las esquinas, que te matan por dos pesos y un paquete de beldents, que la gente miente, que los políticos te meten la mano en la heladera y te toman toda la cerveza, que la vida es una mierda pero con olor a rosas.
Tanta desconfianza, tantos rencores, hacen que el 11 de septiembre la violencia se haga madre y tenga a la destrucción y el miedo de hijos. Todo una mentira, obviamente, pero las personas que murieron cuando se desplomaron esas torres hermanas en el pueblito norteño que es comandante de este barco, eran de verdad. Debían hacerlo así, tenían que morir muchos para que los sobrevivientes y los observadores dejaran crecer libre la semilla del miedo. Ley anti-terrorismo, es atroz. Los que toman esta fecha para premiar su esfuerzo por forjar el futuro culto y libre de aberraciones se ven desplazados por el luto a los cientos o miles que han muerto. Ya no es reconocimiento, ni gratitud, es duelo.
11 de septiembre de 2010, 6:30 am mi madre me arrastra desde el colchón en el piso dónde dormía hasta la cocina de un brazo, me levanta, me da una cachetada y me recrimina tener olor a alcohol. Que no haces nada, que sos un perdedor, que sos un vago y sin solución. No son las malas juntas, ni siquiera había tomado de más, pero su ira y su poco respeto hacia mi y hacia las dos chica que estaban durmiendo en mi cuarto me saco de mis cabales. Salí por la puerta del fondo y caminé repleta de bronca hacia la estación para ir a la facultad, decidida a no volver. Si no fuera porque ellas habían quedado en mi casa, yo no estaría escribiendo acá, hoy particularmente. Volví y ellas quisieron abrazarme
"Basta, no pasa nada. Duerman". Eso no cambia.
La tensión fue constante y mucha durante el día laborar, un mensaje suyo supuso hacerme sentir mejor, pero provoco lo mismo que provoca un granito de arena en el bolsillo de la campera, nada. "Me cortaste antes de que te diga TE QUIERO". Patrañas.
El humor desmejorado, las pocas horas de sueño, el trabajo movido y toda una noche por delante.
Saqué boleto de ida y me olvidé de la vuelta. Error tras error y me vuelvo a enojar. Podes tomar un máximo de 2 pastillas por año, yo tengo que comprar la tercera, que inteligente que soy. Una más, una menos, pero con esas cosas no se jode, te pueden dar cáncer, algún día voy a tener cáncer creo yo pero no interesa en lo absoluto, por ahora no tengo nada más que la estupidez gravada a fuego en el cerebro.
11 de Septiembre, un día con muchos significados, que me dijo que tengo resolver mi vida y dejar de dar vueltas. Es lo que voy a hacer seguramente.