Extrañamente, mientras caminaba hacia el banco arrastrando mi preocupación, surgió un sentimiento inusitado de querer ver a mi tío. Ese hombre que logró llevarse el llanto de sus hijo el día en que murió, y luego también, algo que sus hermanos nunca van a lograr.
No sé porqué, pero de chica lo conocí, de un poco más grande no me interesé y ahora, de la nada, lo quise ver. Tarde me acordé.
La preocupación me pesa en la conciencia y no puedo mirar hacia adelante más de media cuadra. Crucé las calles sin mirar a los costados para ver los autos que venían: "No voy a morir arrollada por un auto, será otra cosa..."
No suelo pensar de más con que las cosas malas finalmente se van a dar, pero esta vez es diferente. Seguramente no sea nada, seguramente todo va a estar bien, pero inevitablemente hay algo que no me deja asegurarlo. Hay un sentimiento desolado que no se quiere alejar y no me deja darme confianza.
El 12 de enero a las 17.15, habrá algo nuevo que contar, seguramente no sea nada, espero que no sea nada... ¿Será que no será nada?
No me entristece, no me enoja, ni me deprime, pero la preocupación está presente. Y hoy, mientras caminaba hacia el banco, recordé ese sueño en el que estaba enferma, que dilucidé que, efectivamente era un sueño, mientras me bañaba y que logró estremecerme durante todo el día.
Espero tener buena cara para este fin de semana.
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martes, 4 de enero de 2011
domingo, 19 de septiembre de 2010
San Salvador Dalí y el aburrimiento existencial.
Inviértale al rock and roll, es patrimonio de nuestra Nación. Las cosas pierden sabor con el tiempo, las salidas, las cervezas en la vereda, las noches de verano. Las pitadas tienen un gusto feo ahora, incluso cuando están acompañadas por una cerveza fría y buena música. ¿Será que el sabor se lo daba el hecho de que no se entere nadie?. Las salidas quedan olvidadas en alguna época dorada donde todo era mejor (o peor). Una cosa es cierta, todo era diferente. ¿Será que en esas épocas doradas nuestra diversión era distinta también? Un vaso de frizze regalado era felicidad, ahora una cerveza invitada es un compromiso molesto. Parte de mi naturaleza es aburrirme de las cosas, de las personas, de las rutinas, de las incertidumbres; de todo. La vida misma me aburre y me alegra, me enloquece y me calma, busca contradecirme, busca volverme loca, pero cualquiera puede estar loco.
Dalí dijo una vez "La diferencia entre un loco y yo , es que yo, no estoy loco". Dalí, ese español que admiro hace añares, desde la primera vez que vi una pintura suya (Que por cierto fue "El nacimiento de un hombre nuevo"-No es el nombre completo, pero ta, es muy largo.-), desde la vez que leí su biografía y entendí los pasillos retorcidos que le daban lugar a su brillante y sombría mente. De él no me podría aburrir, porque como él también se aburría de la humanidad, cambiaba constantemente, manteniendo un hilo conductor que era fundamental: Sus características distintivas, como hombre y artista.
Así fue como paso de pintar a hacer esculturas, a escribir ensayos, novelas, opiniones, a hacer muebles, a diseñar casas. Siempre buscando en cada forma o en cada párrafo su identidad, reflejar su delirio controlado.
Eso no me soluciona nada en realidad, pero me encanta ver sus obras, todavía no leí ningún libro suyo. La próxima vez que me vaya de una clase de física me voy a ir a capital, al Ateneo y voy a buscar uno de esos libros que el escribió.
Voy a dejar una imagen del primer cuadro que vi de él y otra de su cuadro más reconocido en todo el mundo.

Niño geopolítico observando el nacimiento de un hombre nuevo.

La persistencia de la memoria.
Dalí dijo una vez "La diferencia entre un loco y yo , es que yo, no estoy loco". Dalí, ese español que admiro hace añares, desde la primera vez que vi una pintura suya (Que por cierto fue "El nacimiento de un hombre nuevo"-No es el nombre completo, pero ta, es muy largo.-), desde la vez que leí su biografía y entendí los pasillos retorcidos que le daban lugar a su brillante y sombría mente. De él no me podría aburrir, porque como él también se aburría de la humanidad, cambiaba constantemente, manteniendo un hilo conductor que era fundamental: Sus características distintivas, como hombre y artista.
Así fue como paso de pintar a hacer esculturas, a escribir ensayos, novelas, opiniones, a hacer muebles, a diseñar casas. Siempre buscando en cada forma o en cada párrafo su identidad, reflejar su delirio controlado.
Eso no me soluciona nada en realidad, pero me encanta ver sus obras, todavía no leí ningún libro suyo. La próxima vez que me vaya de una clase de física me voy a ir a capital, al Ateneo y voy a buscar uno de esos libros que el escribió.
Voy a dejar una imagen del primer cuadro que vi de él y otra de su cuadro más reconocido en todo el mundo.

Niño geopolítico observando el nacimiento de un hombre nuevo.

La persistencia de la memoria.
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