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jueves, 20 de mayo de 2010

Indefinida

¿Qué tenemos por aquí? Hay un jean rotoso, un par de remeras descoloridas, unas zapatillas sin cordones, algunos sueños tapados por el polvo, las medias con voladitos que mamá te compró hace ya unos quince años.
¿Algo más? Si, si. Unas cartas desprolijas, hojas arrancadas entre lágrimas de aquel cuaderno verde, recuerdos memorables que brillan en la oscuridad de esta soledad momentánea, conocimientos que en el colegio no te supieron explicar y falta esto… creo que es… algo así como la felicidad, o tal vez es tristeza.
No, no. Debe ser la certeza, pero parece confusión. ¿Sos el bien o sos el mal? ¡Esperen, esperen! No se vayan, que no hay nada cuesta abajo. Dejen de rodar, dejen de tropezarse los unos con los otros, paren esta corrida de toros que no estamos en las calles de Marsella.
Se van sin más, se tiran o se caen, pero ruedan sin cesar. Parece que están desesperados por llegar, nadie sabe a dónde porque, ¿Cuál podría ser el destino de ese montón de sentimientos y elementos que te llegaron a la memoria en este ocaso tardío?
Y allá va esa cosa, ese indefinido que no tiene nombre ni cara. Gira tambaleante, ladeándose en cada vuelta, parece embriagado por el agua. Se queja y mira con soberbia antes de llegar al borde del barranco… ¿Con soberbia? No, la soberbia es un poco más humana. Es la asesina que nada le importa, que nada le afecta, que nadie soporta. Sos vos indiferencia, sos vos la que permanece indiferente a tu propia desgracia. Caes con esas cosas lindas que supo vivir aquella otra infeliz, pero sola vas a llegar al piso porque las demás aprendieron a volar de tanto enfrentar el abismo de la irrealidad.