Hablando en voz alta, sincera y perdida.
Reclamándole a la vida que la pasó por arriba.
Que el dolor y la agonía no terminan.
Que lo sueños se ahogaron en mentiras.
Dos hijos ella tenía, uno muerto en vida
El otro perdido en la hipocresía.
Nunca nadie la recibía, pero si la maldecían.
Camina con bolsas vacías,
y las llena con recuerdos de hazañas dolidas.
Señora acribillada por la vida, ya no hay salidas.
Señora que esquiva miradas de un ciego que atosiga.
En su mundo todo es horrible, no importa si el sol brilla.
Los amaneceres teñidos de sangre, nunca los olvida.
Y la mirada de la gente mezquina le avisa:
Señora acribillada por la vida, ya no hay salidas.
Señora acribillada por la vida, ya no hay salidas.
No la hay, no la hay, NO LA HAY.