martes, 19 de octubre de 2021

Desliz

 Hoy es martes, 19 de octubre. No tiene nada de especial, es un día como cualquier otro, un martes de octubre que podría ser de cualquier año.

Llevo reprimiéndome mucho tiempo, tanto que ni siquiera puedo escribir. No salen ideas ni palabras de mi cabeza. Si al menos pudiera ver situaciones inconexas sería más relajante, pero todo lo que hago es tipear letras que explican este mismísimo momento, esperando que se hagan presentes los gritos encerrados.

¿Acaso soy tan buena reprimiendo que no puedo liberarme?

No parece estar funcionando, así que voy a darle una vuelta de rosca.

Ayer, lunes, después de 4 años sin fumar, elegí comprar un cigarrillo suelto. No vendían en el kiosko, debe ser que son de esas costumbres viejas que desaparecieron de San Miguel, junto con los naranjú y los heladitos de azúcar. No tenían cigarrillos sueltos, así que elegí comprar un atado de 10 y un encendedor, por supuesto que no iba a tener un encendedor encima si hace 4 años que no fumo.

Le pedí a la señora Phillip, porque era de los más suaves que fumaba, pero después de caminar media cuadra me di cuenta de que me dio Marlboro. Sintiéndome ignorada por la señora abrí el paquete y prendí uno. Las primeras 2 secas me dieron una puntada en el pecho. Me había pasado eso, cuando llevaba poco tiempo sin fumar y trataba de retomar el vicio. El humo me quemaba justo abajo del esternón y me sentía obligada a detener mi intento de ingerir nicotina, pero esta vez no paré. Enseguida sentí lo que quería sentir, esa baja de presión que te da el primer cigarrillo. No el primero de cuando ya fumas diariamente, sino del realmente primero, el que te mancha los pulmones por primera vez. Me acordé que no había desayunado y que encima estaba caminando así que me digne a respirar más profundo e ir a un ritmo más aletargado, el efecto fue fuerte después de tanto tiempo. 

Como siempre, fumaba con la mano izquierda, mientras que el humo me molestaba más de lo habitual. Me sentí un poco torpe al principio, pero después de unas cuantas cuadras, la incomodidad pasó y el cigarrillo se quemó hasta el filtro. 

No lo había aprovechado lo suficiente.

Inmediatamente prendí el segundo, pensaba a quién regalarle el paquete después. Podía decir que lo encontré en la calle o alguna mentira así, lo importante es que no me preguntaran nada más.

Realmente no quería que me pregunten nada más. En realidad, hoy martes, tampoco quiero que me pregunten nada más. El miércoles y el jueves tampoco, creo que prefiero que no me pregunten nada nunca.

Antes de ir al kiosko me había escapado de las preguntas, fue un instante y en el momento no lo entendí, realmente no sabía que pasaba. 

Me había despertado con una extraña presión en el pecho, esa sensación me llevó directamente a mi primer recuerdo de haber vomitado. Me habían hisopado la garganta cuando tenia unos 8 años y sentí esa misma presión. No tenía idea de qué era esa sensación y segundos después vomité. Fue horrible, desde no saber qué era esa sensación hasta que termine de forma tan asquerosa.

Así que a la mañana sentí eso, la sensación de que algo horrible venía después. No pude entender si la presión era algo físico "¿Acaso estoy teniendo un ataque al corazón? No me acuerdo cuáles son los síntomas en las mujeres.." pensé. No podía ser algo emocional, no tenía sentido, recién me despertaba y no había soñado nada. La noche anterior estaba bien. Perfectamente bien. Como siempre, bien.

Me levanté y fui hasta la bicicletería en cuanto fue el horario de apertura. Lo había diagramado en mi cabeza "voy, busco la bici, la dejo en donde la tengo que dejar, vuelvo, agarró mis cosas y me voy a mi casa" porque si, no estaba en mi casa, los lunes siempre me despierto en otro lugar.

De camino a la bicicletería la presión se apaciguó, esperé en la vereda de en frente un tiempo, ya eran más de las 9:30, si hicieron y40, después y57 y ya no quise esperar. Le avisé a cierta persona que la llevaba el miércoles y volví a buscar mis cosas. En cuanto empecé a caminar hacia el lugar en donde estaba la presión volvió, se hizo incluso más fuerte que antes y muy atrás en mi cabeza, en un lugar recóndito, yo lo sabía, no quería entrar. No quería ir, ni quería estar. Me calmé de forma inconsciente pensando que iban a estar todos durmiendo, era temprano todavía, así que tenía sentido que así fuera.

Pero me equivoqué y en cuanto entré y lo vi en frente a la mesada en la cocina, sentí como algo se empezó a romper. No era como si se quebrara algo duro, más bien era algo suave y blando agrandándose más allá de su capacidad elástica. Me apuré a agarrar la mochila que ya había dejado preparada, quería salir antes de que se rompiera del todo, no quería romperme a los ojos de nadie, pero no llegué. 

Me di vuelta y me estaba frente a mi. Me preguntó "¿Estás bien?" y solo pude decir "No sé" antes de tirar la mochila en el sillón y refugiarme en el baño.

Las lágrimas salieron, incontrolables, quería acallar los sollozos, quería que no se de cuenta, que no se den cuenta, pero las dejé salir. Me permití llorar antes de tratar de calarme porque no iba a funcionar de otra forma. En cuanto pude respirar empecé a pensar en cómo salir sin ser vista, esquivando las preguntas. No había manera, así que hice el recorrido en mi cabeza y acallé las lágrimas unos segundos para poder precipitarme hasta el sillón. Agarré de un tirón la mochila y salí sin cerrar la puerta atrás mío, mirando el piso, evitando cualquier contacto. Lo escuché decir "Chau, ¿no?" con conflicto en la voz, pero lo ignoré.

Literalmente me escapé de ese lugar, realmente mi cuerpo quería salir de ahí con cada célula y con solo caminar media cuadra la presión desapareció y las lágrimas se calmaron. Me senté en un borde y esperé, para asegurarme que realmente se habían secado, que no iban a salir otra vez.

En ese momento seguía sin entender, realmente no sabía lo que había pasado. ¿Porqué no estaba triste pero lloraba? ¿Porqué fue tan incontenible todo? ¿Qué me estaba pasando?

Empecé a caminar hacia mi casa y me obligué a pensar. Últimamente evitaba pensar en cosas importantes, pero esto era inexorable, no podía patearlo, seguramente me iban a pedir explicaciones y no quería responder a cosas que no sé. Así fue como llegue a ese Marlboro de 10. El cigarrillo siempre me ayudo a pensar. No sé cómo lo hace, pero es increíble como saca los pensamientos de a uno, hilándolos, entendiéndolos. 


Así que vuelvo al segundo cigarrillo, el que no me dio puntadas en el pecho, el que supo hilar mis pensamientos y entonces lo entendí. No fue algo que haya pasado el lunes a la mañana, ni el domingo a la noche.

Hace tiempo que tengo sentimientos encontrados con ese lugar, que me siento atrapada cuando estoy ahí, que tengo la necesidad de salir siempre que me quedo sola, pero el último tiempo fue peor. Recientemente hay una distancia impuesta en mi, una distancia totalmente justificada, que la entiendo y la avalo, pero que me hace sentir increíblemente sola y rechazada. Solo lo siento a la noche, cuando veo que tratan de no acercarse a mi, se siente casi como un castigo aunque sé perfectamente que no lo es. ¿O si?

Como sea, necesitaba mantener las apariencias, así que esa claustrofobia específica la reprimí, también reprimí el sentimiento de rechazo y de soledad. Todo estaba siendo debidamente contenido, hasta que en el día de la madre, mi hermano habló con nosotras. Nos contó de cómo reprimió toda su frustración, estrés y sentimientos para poder mantenerse entero durante los últimos 3 años y cómo hacia poco se había empezado a romper. Lo entendí.

Entendí todo lo que dijo y entendí todo lo que había hecho en los últimos años. En alguna parte de mi, muy profundo, también entendí que estaba haciendo lo mismo, pero lo reprimí. Fue como un destello, tan pronto como apareció la revelación, la volví a encerrar. Necesito mantener las apariencias, todavía lo necesito, pero ya no puedo ignorar una verdad que fue puesta ante mis ojos.


Hoy es martes, 19 de octubre, al final fumé 4 cigarrillos ayer. Hoy prendí el quinto y de nuevo, el humo me pinchó en el pecho, pero esta vez la puntada no desapareció en la segunda seca, ni en la tercera, ni en la cuarta, así que después de fumar medio cigarrillo lo apagué y lo tiré a la basura con el resto del atado. No se lo voy a regalar a nadie, ni voy a decir que lo encontré en la calle. Le agradezco al tabaco que me haya ayudado a entender todo esto, pero no puedo darle lugar otra vez, no me alcanza la plata.


Voy a seguir reprimiendo algunas cosas, pero definitivamente no voy a seguir pasando las noches en ese lugar. No quisiera que hayan más preguntas de las que puedo contestar.



No hay comentarios:

Publicar un comentario