Que difícil es vivir en estos días, y en otros también.
Parece casi imposible encontrar paz en esta ciudad.
Miro el mundo y se ve como a través de un vidrio barato, curvas y contracurvas desfiguran la visión. Se ve tan hermoso y tan horrible al mismo tiempo. Si tan solo pudiera romper ese lente desdichado, si pudiera ver más allá de este panorama triste.
En noches como esta, donde las lágrimas se empeñan en aparecer, donde necesito un abrazo contenedor, caigo en la cuenta de que estoy más sola de lo que creo. La soledad me gusta, pero cada tanto, cada mucho tanto, se me hace casi indispensable un poco de amor... Solo un poco.
No va a pasar, ya lo sé. Por eso opto por cerrar los ojos y dormir, dispuesta a enfrentarme a las pesadillas que el cerebro me tiene preparadas. Me están esperando, acechando, buscando el momento justo de atacar. Lo puedo ver.
Estoy tan cansada que ni fuerzas para mover el cuerpo me quedan.
Es otra noche normal, común y corriente, nada del otro mundo. Otra noche donde me gustaría no existir, donde desaparecería del escenario hasta encontrar lo que busco, o aunque sea, y en principio, saber qué es lo que estoy buscando.
¡Salud!
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