Bulgar, pelaba zanahorias en la bacha de la cocina.
Desde el umbral de la puerta la miró y no necesito más que unos segundos para ver que sus ojos lloraban sin lágrimas.
-¿Estás bien?
-Si, estoy bien. -Le contestó-
-No te veo muy bien que digamos, algo te pasa.
(Dejó su quehacer un instante y mirando fijo las cascaras pensó en la forma más concreta de explicarle).
-Estoy triste, porque te quiero más de lo que quiero quererte. No debería ser así, no quiero que sea así.
No voy a retenerte, no me puedo permitir atarte porque sos la libertad hecha persona.
Nunca pensé que llegaría este punto en donde no estoy segura de si hay vuelta atrás.
No te voy a pedir que te quedes conmigo, si querés podes irte, nunca te lo dije pero espero que lo sepas: Todas las puertas que veas acá están abiertas para vos siempre que quieras entrar, o salir. Siempre vas a ser bienvenido y siempre te voy a echar de menos cuando no te tenga cerca.
(No me acuerdo si contestó algo, sus ojos entendieron sólo la primer oración que pronuncié, y desde entonces, vivo en un limbo pasando la realidad por letras y hojas)
Decime contigo una vez más y voy a ser tuya aunque sea unos meses más.
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