El sol entre las ramas la ciega sin piedad, en esa plaza no hay más que palomas.
Una ofrenda al Gauchito Gil en el medio de la ciudad, ¿Quién lo iba a pensar?.
Las señoras la miran mal, ya pasó una, la segunda y en la cuarta dejó de contar.
Se para tambaleante después de un trago habitual y la ciudad un pucho le quiere regalar.
"¡Já! Está entero, limpio y es un Marlboro, que casualidad"
Camina ligera por toda la ciudad, los pies la llevan a dónde debe estar, su mente vuelva a dónde quiere estar.
Un poco de acá y un poco de allá, que ganas de lo otro, para alargarlo una horita más.
Los minutos se le escurren y se caen las canciones que una tras otra no paran de sonar.
Cinco acordes más y todo vuelve a la normalidad.
Ojalá todos los días tuvieran esa misma paz.
ojala todos los dias tuvieran paz...
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