domingo, 4 de octubre de 2009

Extrange Fruit

Una fruta extraña, dulce por fuera y amarga por dentro. Te deleita en el éxtasis de la contradicción de sus sabores, pero no hace falta más que un simple destello en tu mente para que ese deleite se transforme en un dolor puro y desvirtuado.

Arlequines lucen sonrisas dibujadas con rouge borravino, y en cada beso hipócrita dejan rezagos de su mediocridad, descascarándose estrepitosamente hasta dejar a la luz su naturaleza avergonzada: simples payazos sin colores.

Hay una tormenta eléctrica en mi ser que me dice que el corazón marchito volvió a latir, huracanes desenfrenados colapsan sobre sí mismos especulando que volverán a surgir, pero no.

El sol los encandila calmando sus ansias de destrucción pero está en la memoria de la tierra el daño que causaron. No son más que marcas en el suelo, pero esas marcas llevan el recuerdo del dulce error que destruyo mis principios para darle paso a la desleal aventura de jugar con fuego.

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